La primera vez que intimé con un extraño en la calle (2/2)
rosarioso, levante, callejero, calle, echesortu, yirar, gay, activo, debut
rosarioso, levante, callejero, calle, echesortu, yirar, gay, activo, debut
- Primera Parte - Cuando subí al auto, el conductor me recibió con una cálida sonrisa. Era un cuarentón masculino y atractivo, llevaba puesta una costosa chomba Lacoste. Pisó el acelerador y, sin prolegómenos, me invitó a ir a su casa. Le pregunté para qué y como respuesta, me agarró la mano para que tocara su bulto, durísimo. Le dije que no. Su cara amable se transformó y me increpó que para qué había subido. Le repliqué haciéndole palpar que también la mía estaba como una piedra.
En ese entonces, yo desconocía los términos activo y pasivo, por eso lo expresé de esa manera. Ya había probado el rol de locomotora jugando al trencito con Sergio. Ahora quería ponerla de una buena vez. No me interesaba ser penetrado y mucho menos por un extraño. Ante mi respuesta negativa, el hombre me pidió, sin más, que bajara del vehículo. De casualidad, había llegado a una cuadra de mi casa. Al menos me habia ahorrado el boleto de autobús, pensé.
Finalmente, a los pocos días, en una nochecita cálida que invitaba a yirar sin rumbo por las calles, terminé en el auto de un muchacho hermoso, de treinta y pico de años, ojos claros, cabello castaño claro, bigote tupido al estilo ochentoso, con los pelos del pecho asomando por su camisa un poco abierta. Era perfecto, salvo por un pequeño detalle. (seguir leyendo…)



Como
La primera vez que me quisieron levantar fue un sábado a la siesta. Un machote salió del club de tennis que quedaba cerca de mi casa. Yo pasaba caminando por ahí y lo miré de arriba a abajo, porque estaba muy fuerte. Era un bombón treintañero de piernas musculosas, con un short de tenis de color azul francia que le marcaba bien el bulto y la cola. Proseguí mi marcha. El tipo se subió a su auto, arrancó, se acercó por detrás y paró unos metros adelante mío. El corazón me latía fuerte, tuve miedo, no me animé a subir. Doblé en la esquina, a contramano, para que no pudiera perseguirme.
-
Aunque la pasábamos muy bien juntos, Sergio, por su lado, procuraba tener relaciones con chicas. Me contaba con lujo de detalle sus aventuras. Yo no tenía ningún tipo de celos, porque sentía que cuando él me rendía cuenta de sus demás experiencias, las mismas pasaban a formar parte de nuestro mundo privado. Para mí, lo más importante era que cuando lo buscara, siempre estuviera dispuesto a intimar conmigo.



















