Conocí una mascota locamente entrenada
Cuando me abrió la puerta de su departamento, pensé que me había atendido el hermano mayor de la persona con la que había chateado. Tenía unos años más, unos kilos más y unas canas más que en las fotos que mostraba por la ventanita del MSN. Esas pequeñas estafas son comunes cuando se conoce gente por chat.
Mientras charlábamos, sentados en el sillón de tres cuerpos de su living, se controlaba bastante para hablar y gesticular de forma masculina. De repente, se escuchó un ruido de patitas proveniente del dormitorio y apareció un diminuto manojo de pelos negros, perteneciente a la especie canina y a la raza caniche toy. Entonces, el dueño del animal no se contuvo más, y estalló la loca eufórica que reprimía por dentro: "Vino la Vicky, vino la Vicky, llegó la reina de la casa". Le hablaba al perro como una abuela a su nietita recién nacida. El bicho se subió de un salto a la falda del amo, moviendo la colita frenéticamente.
- Contale al señor que vas al mar la semana que viene- comentó.
- ¿Ah, si? - dije yo, que era ese señor. La perra no contestó, por suerte.
- Si, si, ya estuvimos ensayando para que sepa cómo es el mar y no le tenga miedo.
- ¿Cómo? - pregunté intrigado.
- Si, si, practicamos en el toilette, te aclaro que está limpísimo y super desinfectado. La meto en el inodoro y aprieto el botón para que sepa cómo son las olas, así en la playa no le va a tener miedo al agua fría en movimiento.
Hablamos de dos o tres pavadas más, le metí una excusa y me fui volando. Igual me iba a pirar, porque no me había gustado físicamente. Me quedé preocupado, ya que siento mucha lástima por un animalito que pasa hambre o frío en la calle o que sufre maltratos. La idea de que un can pequeño e indefenso estuviera sometido a los caprichos de ese delirante me hizo sentir mal. ¿Y si se lo tragaba el inodoro?
Pensé en denunciarlo en algún grupo o asociación protectora de animales, pero si me pedían detalles, cuando lo contara se me iban a cagar de risa. Por otra parte, dejando de lado lo exótico de su método de enseñanza, los demás entrenadores también son un poco sádicos con las mascotas, con la excusa de que tienen que aprender con rigor.
Quién sabe, a lo mejor en unos años el trolo desquiciado inaugure una academia para perros surfistas, o triunfe participando con el animalito en algún programa de televisión. Este mundo da para todo.
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- Las viejas fachistoides. Dos señoras muy mayores (¿hermanas?) con dificultad para caminar, sacan a la puerta de su casona un perrito pequinés, que tiene algo raro en los ojos (¿cataratas?) y también es viejo. Cuando me acerco con mi perra, siempre se meten adentro, apuradas, para evitar el encuentro. Una tarde que estaban fatalmente alineados los planetas, al salir con la perra me olvidé de llevar una bolsita de supermercado o una hoja del rollo de cocina, para levantar lo que hiciera mi perra. Para colmo, a ésta se le ocurre defecar en la vereda de al lado de las ancianas, que justo estaban en la vereda con su cuzquito. Me llamó la atención que en lugar de meterse adentro, me esperaran paradas en la puerta de su casa. Cuando pasé a su lado, una le dijo a la otra, en voz bien alta: -Qué asqueroso, deberían obligarlo a que se lo tenga que comer todo!!! Lo expresó con tanto odio, poniéndole énfasis y convicción a cada palabra, que logró que me imaginara comiéndome el sorete y me dio mucho asco. Seguí de largo sin decir nada.
Darle la vuelta al perro me sirve como distracción, para estirar las piernas después de estar sentado por horas frente a la computadora y también para encontrarme con otras personas que están haciendo lo mismo, con las que suelo entablar conversaciones pasatistas. 





































