Encontré un método infalible para picar cebolla sin llorar
Picar cebolla es una de las tareas menos gratas que debo enfrentar a la hora de cocinar. Cuando lo hago, inevitablemente se me irritan los ojos y comienzo a llorar sin parar, como si estuviera escuchando alguna canción melancólica de Mecano (¡qué antigüedad!).
Les pedí a mis seguidores en Twitter que me dieran consejos para no derramar un mar de lágrimas al realizar dicho acto culinario y me sugirieron:
Ponerme un pedacito de pan o de cebolla o un fósforo (?) en la boca. Cortar la cebolla al medio y sumergirla en agua caliente o agua helada o agua con sal o con unas gotas de limón, para eliminar el propanotial. Mascar chicle mientras corte la cebolla. Poner un vaso lleno de agua, un recipiente con sal o una vela encendida (?) cerca de la tabla de picar. Mantener la hoja del cuchillo mojada con agua fría o con vinagre. Utilizar un cuchillo recién afilado. Humedecer las manos. Dejar la canilla de agua abierta, al lado. Retener un sorbo de agua helada en la boca. Guardar las cebollas en el refrigerador hasta antes de picarlas. Colocarme una capa de la cebolla sobre la cabeza (?). Aguantar la respiración o respirar solo por la boca o sacar la lengua afuera (?) mientras esté picando la cebolla. Ninguno de esos métodos fue efectivo al 100%.
Entonces, sin que nadie me lo dijera, se me ocurrió la genial idea de (seguir leyendo…)
















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