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¿Quién tiene la culpa de las cochinadas del chancho?

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Hombre gay musculoso haciendo chanchadasPorky se comunicó conmigo por medio de una página de contactos gay. Aunque no tenía foto, le dí mi MSN porque su descripción era muy tentadora: 36 años, piel blanca, ojos celestes, cabello castaño, 1.80 m, 85 kg, peludo, profesional universitario. Vivía en una ciudad de la provincia de Buenos Aires, ubicada 200 km al sur de la urbe de Rosario. Su familia era de una localidad entrerriana, 100 km al norte de la cuna de la bandera argentina. Viajaba bastante seguido a visitar a los suyos, así que pasaba por aquí con frecuencia.

Estuvimos chateando durante más de un mes. En esas charlas, sin que se lo preguntara, me dijo que era solamente activo. Le contesté que no había problema, porque yo era muy versátil. De hecho, no me preocupó su aparente limitación en cuanto al rol, porque, como dice el dicho, en la cancha se ven los pingos.

El 23 de diciembre, él emprendió el viaje con destino a la casa de sus padres, para compartir la Navidad con sus seres queridos. Al pasar por mi ciudad, hizo una parada, para que nos conociéramos personalmente. Yo no sabía si lo iba a llevar a tomar algo a un bar o lo iba a invitar a mi departamento. Cuando bajé a recibirlo, me sorprendí gratamente. Era tan, pero tan lindo, que lo hice subir directo a mi morada, sin escalas. (seguir leyendo…)

Privado de la libertad por un gay desesperado

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Big Gay Al es un personaje de South Park, un estereotipo de marica maduroEn una noche cálida y apacible de verano, hace un par de años atrás, recibí un llamado telefónico de lo más extraño. Era mi amigo Horacio, que me pedía ayuda urgente. Hice lo que pude para solucionar su problema, sin efectuar demasiadas preguntas, dada la gravedad del caso. Al día siguiente, me comuniqué con él para que me contara detalladamente lo que le había pasado. A continuación, su relato:

Estaba caliente, tenía ganas de concretar un levante lo más rápido posible. Entré al chat y arreglé encontrarme con el primero que me pareció potable. El tipo me dijo que era amplio, masculino, fachero, 39 años. Puso una foto creíble en la ventanita del MSN Messenger. Me dio su dirección sin dar vueltas. Eso me pareció raro, pero pensé que a lo mejor él también tenía ganas de hacer algo express y quería ahorrarse el tiempo que se malgasta en los desencuentros en las esquinas, por donde la mayoría pasa de largo, espiando desde la vereda de enfrente, especulando si el otro les gusta o no. Hoy en día, informarle el domicilio a un desconocido es peligroso, pero tiene la ventaja de que elimina la histeria y la virtualidad. Para que suene el timbre, debe haber un dedo que lo toque.

Entrar al edificio de un desconocido puede ser una trampa sin salidaFui hasta el domicilio en el que me citó, era un edificio. Cuando bajó a abrir, me decepcionó bastante. Era más viejo, gordo, pelado y feo de lo que mostraba la foto del MSN. Estaba a punto de irme, cuando noté que un compañero de trabajo venía caminando por la vereda hacia mí. Todavía no me había visto. Entré al palier rápidamente, porque no me gusta que me vean en situaciones de levante. Interpreté esa coincidencia como una señal de que me tenía que quedar allí y saciar mis apetitos sexuales.

Subimos hasta el 4to. piso y entré al departamento, que tenía una de las decoraciones típicas de gay. Pocos muebles, una mesita ratona recargada de pequeños adornos recolectados en los mercados de pulgas de cada ciudad del mundo que el trolo había viajado, desde Caminito hasta París, pasando por Salta, México y Estambul. Unos cuadritos cuadrados de vivos colores, lámparas de papel vegetal, velas con forma de cubo y un sahumerio grueso, encendido.

Me dijo que él no vivía ahí. Le había prestado el lugar un amigo suyo que era enfermero y estaba de guardia hasta el día siguiente, así que íbamos a poder pasar una noche genial juntos. Mi levante había proyectado una velada perfecta, sin considerar que yo tenía que trabajar temprano al otro día y que no me gusta dormir en casa de un desconocido. Además, mi idea era echarme un polvo y pirarme al toque. Le dije que lo lamentaba, porque disponía de una horita nada más, ya que después tenía otros compromisos. Se puso a gritar, enojado: -¿Cómo que una horita? ¡Vos te quedás! (seguir leyendo…)

Don´t want no more of the crying game

No quiero más el juego de las lágrimas Nos conocimos en el sauna Va.X. Era un Oso atractivo de treinta y pico de años. Desde que lo vi por primera vez, supe que quería estar con él y ningún otro y así fue. Antes de los mimos, estuvimos conversando un buen rato. Él era de otra ciudad del interior y también estaba allí participando del Encuentro Nacional de Osos en Córdoba. Fuimos a un box privado para darnos placer mutuo. Después tomamos una gaseosa en el bar del sauna y seguimos hablando. Quedamos en vernos esa noche en la cena de los Osos en Las Tinajas o sino en la disco Zen. El chico rosarino que había viajado conmigo me comentó que lo conocía de antes al Oso y que le parecía un buen tipo.

Mis amigos no quisieron ir a comer a ese sitio, así que me encontré con él en la disco. Estuvimos un rato a los besos, abrazados, charlando, compartiendo tragos. Los coterráneos del Oso se aburrieron de Zen y le insistieron que fuera con ellos a Piaf, la otra disco gay cordobesa. Preferí quedarme con mi grupo. Como ninguno de los dos había llevado su celular, el Oso me citó para el día siguiente a las 20 hs. en el Patio Olmos, ya que se alojaba en un departamento cerca de allí.

Al otro día, fui con mis amigos hasta ese Shopping. Ellos iban al cine a ver Batman. Me quedé en la puerta aguardando la llegada del Oso. A las 20:15 hs ya tenía en claro que él no iba a aparecer. Pero me había gustado tanto que seguí esperando. Me senté en los escalones de la entrada. Un perro callejero se acomodó en el suelo al lado mío. Hacía bastante frío. Eran las 20:30 y me sentía patéticamente mal. ¿Cuánto tiempo (seguir leyendo…)