Pudo haber sido una linda historia de amor gay (1/3)
fiesta, trio, orgia, menage, trois, gay, partuza, trencito, chat
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Un domingo aburrido de febrero a la nochecita, entré al chat de viarosario y empecé a conversar con un gay que me pareció interesante. Cuando me dijo que estaba con un amigo que también quería divertirse, lo que había empezado como una charla entre dos, se transformó en un boleto de ida para el trencito del placer.
Nos encontramos los tres en una plaza, cerca del pequeño bulín que uno de ellos tenía alquilado exclusivamente para fines non sanctos. Me pidieron absoluta reserva, ya que ninguno de sus demás amigos sabía que ellos hacían fiestitas. El locatario del monoambiente era peladito, de cuerpo muy peludo, rellenito, pasivo y un poco afeminado: me enamoró a primera vista. El otro era masculino, de barbita candado, flaco, lampiño y versátil. La pasamos bomba. No voy a contar detalles que muchos lectores se morirían por saber.
El miércoles siguiente, me puse a conversar por Messenger con un pendejo de 19 años que ya conocía. Un coloradito carilindo, con el cuerpo musculoso y una garcha gigantesca. El pibe me gustaba solo para joder, porque era muy promiscuo. Había venido de un pueblito del interior de la provincia de Santa Fe a Rosario para estudiar abogacía. Los padres le alquilaban un departamento céntrico y le pagaban sus gastos para que se dedicara a los libros. Pero él, en cambio, se dejaba llevar por las tentaciones de la gran ciudad y pasaba el tiempo garchando.
De pronto, se conectaron al MSN el peladito y su amigo fiestero. Tenían ganas de seguir la farra conmigo. Y les ofrecí invitar al crío. En una fiestonga, cuando el número de participantes es par, (seguir leyendo…)




El sábado, fui a bailar. Allí estaba la pareja de tortolitos. Cuando nos cruzamos, la SG me saludó con un gesto disimulado, le contesté de igual manera. Su pareja me chocó con el hombro bien duro y me hizo tambalear. No dije nada. Más tarde, cuando nos volvimos a enfrentar, quiso hacerlo de nuevo, pero yo puse el brazo rígido y se produjo un choque violento que sorprendió al elefante. Pero no saltó la bronca…
Una de las situaciones más incómodas que me pueden ocurrir en el chat, sucede cuando alguien me dice que sabe quién soy, pero no revela quién es él. Por ejemplo, eso me pasó hace unos años cuando charlaba por
Le conté lo sucedido a un amigo mío que está metido en el ambiente gay rosarino. En su opinión, era una tramoya armada por un oso que se divertía bromeando por chat. Su apodo era la 



















