Un retorcido cuento de hadas erótico para niños gay (2/2)
gay, floripa, brasil, chongo, rubio, levante, seduccion, sexo, oral
gay, floripa, brasil, chongo, rubio, levante, seduccion, sexo, oral
(primera parte) - La estábamos pasando genial en The Pub, pero llegó la hora de ir a la cama, literalmente. Salimos del antro los cuatro: mi amigo, el artista, el chongo y yo. Le ofrecí al muñecote acercarlo hasta su casa en nuestro auto. No quiso, prefería ir a pié hasta la rodoviaria (estación de autobuses). Le insistí y aceptó con desgano. Mientras caminábamos hasta el coche, iba acomodándose el bulto por encima del jean, con naturalidad. A mí se me caía la baba.
Al poner en marcha el vehículo, le indiqué a mi compinche rosarino que primero pasara por el departamento que estábamos alquilando, porque necesitaba buscar algo urgente. El rubio protestó, diciendo que quería ir directo a su morada. Le expliqué que no iba a demorar ni un minuto, que subía a ponerme mis gotas para los ojos y seguíamos camino.
Estacionamos frente al edificio y bajamos del automotor. El osito hermoso no se movía del asiento y refunfuñaba bajito. Le reproché que cómo se le podía ocurrir quedarse solo en la rúa a esa hora, corriendo el riesgo de que lo asaltaran. Accedió a ir con nosotros.
Ni bien entramos al apartamento, mi compañero y su amor de verano se encerraron en el dormitorio. Para ellos, era la última noche juntos, ya que al día siguiente, mi amigo y yo volvíamos a Rosario.
Quedé a solas con el chongo en el living comedor. Empecé a revolver dentro de un bolso, simulando que buscaba el gotero, que, en verdad, no existía. Mientras tanto, miraba de reojo al machito, para espiar qué hacía. Se acomodó en un sillón, con la cabeza echada para atrás y los ojos cerrados, como si estuviera desmayado. Para mí esa fue una señal inequívoca de que estaba completamente entregado. Ningún hombre heterosexual juega al dormidito estando a solas con un puto que le tiene ganas.
Apagué la luz (seguir leyendo…)



Hace unos cuántos años, me fui de vacaciones con un amigo, que también es gay y rosarino. Viajamos en su auto hasta Floripa, la isla mágica del litoral sur de Brasil, mi lugar favorito para veranear.
Al rato, se acercó un macho hermoso, que andaba dando vueltas con otro muchacho y una chica heterosexuales. Era morrudo, musculoso, peludo, tenía cabello corto rubio oscuro, barbita de unos días, ojos verde agua, cara perfecta y aspecto de rugbier. Se dirigió a mi coterráneo, preguntándole si era un jugador de voley brasileño famoso (no recuerdo qué nombre dijo). La frase quedó descolgada. A lo mejor se confundió en serio, pero sonó más a una excusa para sumarse al grupo. Como mi compañero de viaje estaba ocupado con su nuevo amorcito estival, no se podía levantar al recién llegado. Entonces, me habilitó para que intentara hacerlo.
La cita se concretó el sábado siguiente. Cuando empezó a hablar en serio sobre su vida, noté que la mayoría de lo que me había contado en los encuentros anteriores era falso. No era empresario, sino repositor de góndolas de supermercado. No tenía un autito 0km, sino una batata chocada modelo ‘90 a gas. A pesar de lo afeminado que era, no había blanqueado su orientación sexual ni con su familia, ni con sus amigos hetero. Tenía algunos amigos gay, pero no los integraba al resto de su vida. Me dijo que conmigo hacía una excepción, porque no salía con gay (?). Supongo que se refería a que solamente tenía sexo con hombres
A pesar de que su sinceramiento me había caído como un baldazo de agua fría, lo llevé hasta mi cama, porque quería saciar mis bajos deseos. Le pegué una culeada intensa y satisfactoria. Consentí que se quedara a dormir, haciendo cucharita. Pero no me dejó descansar en toda la noche. Quería más y más. Después del quinto polvo quedé seco, exhausto. Cuando nos levantamos a desayunar, le dije en broma -un poco en serio- que después de tanto ponerla, no iba a hacer más de 



















