Mi odisea en un bar de osos turcos bigotudos (2/2)
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(Primera parte) Sintiéndome más tranquilo, me acomodé en una de las barras, en la parte trasera del bar. A continuación, me dediqué a la siguiente prioridad: calmar mi sed. Le pregunté a un mozo: ¿speak english? Me contestó de mal modo, a los gritos: ¡(algo que no entendí)… turkiye, turkiye! Es decir, debía hablar en su idioma o joderme. Por suerte, sé decir cerveza en turco. Pedí una bira y me trajo un vaso de riquísima Efes helada. También dejó un gran cuenco con pistachios, que no pedí ni quería, pero seguramente iba a tener que pagar.
Me tomé esa birra turca refrescante y luego comencé a buscar un poco de acción. Me di cuenta de que había un oso que tenía clavada la mirada en mí (parecido al de la foto). Su expresión era seria. No entendí si quería tener sexo conmigo o cagarme a palos. Levanté las cejas, haciéndole un gesto parecido a una sonrisa. Nada, siguió inmutable. El turco era morrudo, ancho, uno de los pocos sin barba ni bigote. Tomaba cerveza sin bajar la mirada. De repente, se paró y pasó caminando al lado mío.
Se metió por un pasillo, en la parte trasera del tugurio. Lo seguí. (seguir leyendo…)


















Hace doscientos años,
Busqué en la página web
Llegué al bar alrededor de las 23:30 hs. Estaba ubicado en una callejuela desolada, angosta y oscura. En el frente, no había ningún cartel que indicara el nombre del sitio. Los vidrios estaban pintados de negro o tal vez, recubiertos con algún material opaco. Se escuchaba un fuerte bullicio proveniente del interior. Cerca de la puerta, había tres hombres bigotudos fumando, que me miraron de manera huraña. Sin tener idea de dónde me estaba metiendo, tomé aire y entré.