Un retorcido cuento de hadas erótico para niños gay (1/2)
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Hace unos cuántos años, me fui de vacaciones con un amigo, que también es gay y rosarino. Viajamos en su auto hasta Floripa, la isla mágica del litoral sur de Brasil, mi lugar favorito para veranear.
A los pocos días de llegar, mi compañero se enganchó con un artista plástico local. En cambio, durante esas dos semanas, yo solo tuve algunas aventuras sin compromiso. El último día de nuestra estadía, el enamorado de mi amiguete nos invitó a la inauguración de una muestra de arte contemporáneo, donde exponía sus obras pictóricas más destacadas.
Esa noche, ni bien entramos al pomposo museo, me abalancé sobre una mesa gigante, repleta de sabrosos quesos y frutas tropicales, preparadas para agasajar a los asistentes. Después de saciar mi voraz apetito, recorrí los salones, observé los cuadros, esculturas e instalaciones inentendibles… dicen que el arte no se explica, se admira. Luego, me incorporé al círculo de personas que estaban charlando con el pintor gay.
Al rato, se acercó un macho hermoso, que andaba dando vueltas con otro muchacho y una chica heterosexuales. Era morrudo, musculoso, peludo, tenía cabello corto rubio oscuro, barbita de unos días, ojos verde agua, cara perfecta y aspecto de rugbier. Se dirigió a mi coterráneo, preguntándole si era un jugador de voley brasileño famoso (no recuerdo qué nombre dijo). La frase quedó descolgada. A lo mejor se confundió en serio, pero sonó más a una excusa para sumarse al grupo. Como mi compañero de viaje estaba ocupado con su nuevo amorcito estival, no se podía levantar al recién llegado. Entonces, me habilitó para que intentara hacerlo.
Llevarse a la cama a semejante potrazo, tan masculino, que manifestaba su predilección por el género femenino al mirar lascivamente cada teta o culo que pasara cerca, parecía una meta inalcanzable para cualquier gay. Pero esa noche tenía puestas mis zapatillas Adidas y quise comprobar si era cierto el slogan de la marca: Impossible Is Nothing.
Durante el transcurso de la velada, traté de ser simpático y ganar la confianza del bomboncito, que participaba con entusiasmo de la conversación. El exquisito vino tinto, que los mozos nos servían generosamente, sin pausa, contribuyó en gran medida a que nos sintiéramos más alegres y desinhibidos.
Cuando terminó el evento cultural, invité al semental a The Pub, el bar gay que estaba de moda ese verano en Florianópolis. Lo consultó con sus compañeros héteros y respondió que no iban a ir, porque ellos le advirtieron que ese era un lugar para viados y bixas. Le insistí, argumentando que era un sitio divertido, al que iban muchas mujeres, además de gay. Volvió a deliberar con los suyos, discutíeron. El otro chico y la piba se fueron, sin decir adiós. El carilindo se quedó con nosotros. Saludamos a los demás y partimos.
Al llegar al pub, nos encontramos con mi nueva amiga carioca -así se denomina a los que provienen de Río de Janeiro-, una morena rellenita, tetona, de labios gruesos y sensuales, que había conocido el día anterior en la playa Mole. Al verme, me llenó de besos y abrazos, ya que era muy efusiva y extrovertida. La invité a mi mesa. Para los chongos es muy importante, cuando están en público con uno o varios gay, que haya damas presentes, para que nadie se confunda pensando que ellos también son putos.
Lo más loco ocurrió cuando mi amiguita pechugona salió un momento a la calle y volvió con una serpiente de 2 metros de largo, que le habían prestado. Generó sorpresa y temor, paseándose con el ofidio enroscado al cuello, entre las mesas del bar, que ya explotaba de tanta gente amontonada.
El chabón que me gustaba estaba muy animado. Le tiró onda a la gordita que estaba con nosotros y a todas las minas que se le cruzaron, habló hasta por los codos, lanzó risotadas con voz gruesa, tomó litros de cerveza sin parar, hizo mil y una chongadas. Aunque no demostró abiertamente interés por ninguno de los trolos presentes, prestaba muchísima atención cada vez que yo hablaba. Esa era una buena señal. - (continuación)
























Volvieron los relatos que tanto me gustan, espero pronto la segunda parte.
Comment La opinión de Javier — 14 de Octubre de 2009 a las 22:23
Javier: Gracias por disfrutarlo. Paciencia, que ya llega la segunda y última parte.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 15 de Octubre de 2009 a las 00:32
Intentarlo con un hetero es ese tipo de cosas que uno hace cuando es más joven, ¿verdad?
)
Será que yo tengo unas cuantas decepciones de ese tipo en mi haber.
Comment La opinión de Eleuterio — 15 de Octubre de 2009 a las 05:18
Eleuterio: Esto que cuento pasó hace varios años, pero lo volvería a hacer!
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 15 de Octubre de 2009 a las 09:04
Mmm, para investigar: la foto del osito rubio es parte del perfil de un muchacho llamado nacho16 de Buenos Aires : http://www.ososdebuenosaires.com/new/avisos/profile2.php?profile=nacho16). Hay que loguearse para ver justo esa foto y no sé si realmente corresponde a él o a otra persona y él la tomó “prestada” para su perfil. Me intriga… ¿de dónde tomaste vos la foto, Rosarioso?
Deseo que te mejores pronto.
M.
Comment La opinión de M. — 27 de Octubre de 2009 a las 21:47
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Trackback La opinión de Bitacoras.com — 28 de Octubre de 2009 a las 16:39
M.: No saqué la foto de ningún perfil, lo saqué de la página de un bloguero español… así que me inclino por pensar que nacho16 no es quien dice ser…
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 28 de Octubre de 2009 a las 17:50