Me mudé de barrio y descubrí el levante callejero (1/2)
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Como ya conté en otros relatos, la casa en la que pasé mi infancia y juventud temprana, estaba ubicada en la tranquila zona residencial de Fisherton. Cuando cumplí los 19 años, mi madre y yo nos mudamos. Fuimos a vivir al barrio de Echesortu, cerca de la Terminal de Ómnibus, un área de Rosario con mucho movimiento de día y de noche, a solo veinte cuadras del centro. En el nuevo vecindario, detecté que ocurría un extraño fenómeno, aún ignorado por mí. Si miraba a los autos que pasaban con hombres solos, algunos frenaban y me hacían señas de que subiera.
En esa época, en mi ciudad no existían los gay, eran invisibles. No se nombraba esa palabra en los medios de comunicación. Había un bar nocturno para homosexuales, pero solo lo sabían los que se movían dentro de ese submundo oculto, que yo desconocía. No se había inventado Internet, ni el chat, ni las líneas telefónicas para gay. Sin que nadie me lo enseñara, descubrí que dando vueltas por la calle podía conocer hombres que buscaban hombres. Y no había tanta inseguridad como ahora.
La primera vez que me quisieron levantar fue un sábado a la siesta. Un machote salió del club de tennis que quedaba cerca de mi casa. Yo pasaba caminando por ahí y lo miré de arriba a abajo, porque estaba muy fuerte. Era un bombón treintañero de piernas musculosas, con un short de tenis de color azul francia que le marcaba bien el bulto y la cola. Proseguí mi marcha. El tipo se subió a su auto, arrancó, se acercó por detrás y paró unos metros adelante mío. El corazón me latía fuerte, tuve miedo, no me animé a subir. Doblé en la esquina, a contramano, para que no pudiera perseguirme.
La vez siguiente, yo estaba más decidido a lanzarme a la aventura. Iba esa tarde por la vereda y un señor cincuentón de patillas canosas detuvo su automóvil cerca mío. Entré al vehículo y dimos unas vueltas, charlando de temas triviales. Empezó a tocarme la pierna.
Continué mirando hacia el frente y hablando como si no pasara nada. Siguió palpándome por encima del jean, hasta llegar a mis genitales, en los que se detuvo a dibujar círculos con la yema de los dedos. Me excité tanto que acabé en seco. El hombre seguía manejando, sin darse cuenta de lo que había ocurrido. A mí me dio mucha vergüenza y le ordené que parara el coche de inmediato, porque quería bajar. El pobre automovilista no debe haber entendido nada de lo que pasó.
Durante unas semanas estuve tranquilo, hasta la noche de mi fiesta de graduación del colegio secundario. Después de los festejos, estaba parado en una esquina solitaria, esperando el colectivo para volver a mi casa y me quiso levantar un tipo que conducía un lujoso auto importado. En esa ocasión, yo estaba muy elegante, de traje y corbata, bien bronceado. Había tomado sol para salir mejor en las fotos, porque sabía que esas imágenes iban a quedar de recuerdo para toda la vida. Como era de madrugada y estaba tan lejos de mi hogar, no me atreví a acercarme al coche. El conductor intentaba desesperadamente llamar mi atención. Ponía la luz de guiño, encendía las balizas, daba la vuelta manzana, pasaba despacio delante mío. Fue tanta la insistencia que terminó logrando su cometido. - continuación -
























Ah, la época de los levantes callejeros. MIrar vidrieras imposibles para que la presa se detuviera e hiciera lo mismo, el primer “hola”, la comversación de banalidades ants de ir a lo concreto, el tratar de adivinar qué es lo que prometía un cuerpo bajo la ropa, la posiblidad de que él viviera cerca o de tomarse un colectivo para ir al tal lugar y que el encanto se perdiera…
Cuando me lancé a hacerlo ya tenía más de 20 años,pero recuerdo lo divertido que podía ser.
Eso sí: nunca me animé a subir a un auto inmediatamente: vivía en Buenos Aires y aún en los tempranos 80´ habían cosas que uno no hacía…o será que yo era bastante miedoso.
Comment La opinión de Eleuterio — 6 de Mayo de 2009 a las 05:09
Corrijo: TAN viejo no soy. Donde arriba dice “tempranos 80″ léae “principios de los 90″.
Vanidad que le dicen…
Comment La opinión de Eleuterio — 6 de Mayo de 2009 a las 05:11
Eleuterio: En la zona de la Terminal de Ómnibus el levante era principalmente en auto. Era menos frecuente levantarse a alguien que pasaba caminando. Con respecto al furcio, ¿se te cayó una sota? jajajaja lo digo en chiste!
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 6 de Mayo de 2009 a las 09:07
Ilustrativo caso de la cacería clandestina en la era preInternet, o al menos de los años precedentes al boom de Manhunt y otros sitios web similares. Aún en el primer año de esta década se podían vivenciar casos como el que nos narras.
Estoy esperarando ya por leer la segunda parte de tu osada historia.
Saludos.
Comment La opinión de Jairo — 6 de Mayo de 2009 a las 10:22
No se me cayó ninguna sota. Sólo me acordé más tarde que mi debut sexual no fue, precisamente, precoz, sino al principio de los 90´ cuando yo ya tenía los 20 pasados…
Además, chico listo, yo tengo tu edad pero soy de agosto.
Saludos,
Comment La opinión de Eleuterio — 6 de Mayo de 2009 a las 12:36
Subi que te llevo.
Comment La opinión de Nituni — 6 de Mayo de 2009 a las 13:26
Jairo: Gracias por el comentario. A mi entender, antes del furor de Manhunt, el más popular de esos sitios era Gaydar, o quizás Gay.com. Ahora hay miles de sitios de contacto! Aunque no lo creas, a mí me sirve mucho Facebook para levantar!
Eleuterio: Fue un chistecito, nada más.
Nituni: Mmmm… depende de qué marca y modelo tengas, ahora soy cotizado jajaja.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 6 de Mayo de 2009 a las 20:20
Ya sé que fue un chiste e intenté contestarte con uno…
Esto de los mensajes hace parecer que uno está enojado sin estarlo.
No quise parecer brusco, sorry.
Comment La opinión de Eleuterio — 7 de Mayo de 2009 a las 06:13
En el hipotético caso de que se estuviera abonando la tercera cuota, de un auto-plan de 84 cuotas. Con presentar el comprobante de pago al día - ¿alcanza?-
Comment La opinión de Juan — 7 de Mayo de 2009 a las 12:01
Fascinante. Realmente la aparición de internet permitió mi entrada a un universo nuevo, donde ya no estaba solo. Pero en mi caso se trataba de ‘Star Trek’ ¡Pensé que nadie la miraba más que yo!
Saludos desde Mosterio.
Comment La opinión de El Mostro — 7 de Mayo de 2009 a las 13:03
Pues ¿Cuándo nos hacemos amigos en Facebook?
Comment La opinión de Jairo — 7 de Mayo de 2009 a las 17:04
Eleuterio: Todo bien! Entendí.
Juan: Depende pura y exclusivamente de quién sea el conductor…
Mostro: Yo fui fan de Star Trek mucho antes de Internet, viajé a Buenos Aires para las convenciones de Starbase Tango… ¡qué tiempos aquellos! Hace más de un año que no veo a los trekkies rosarinos, pero el sábado iremos juntos al cine a ver la peli nueva de la saga ¡qué emoción!
Jairo: Ya te agregué. Me da gusto tener lectores sociables, no como Nituni que no tiene Facebook…
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 7 de Mayo de 2009 a las 19:45
NO TE LA PIERDAS.
Comment La opinión de El Mostro — 8 de Mayo de 2009 a las 13:42
Claro, discriminame por bruta y pobre!
Comment La opinión de Nituni — 9 de Mayo de 2009 a las 21:29
que intriga Rosarioso!!! Contá todo ya!
abrazooo
Comment La opinión de ale — 9 de Mayo de 2009 a las 23:24
El Mostro: Star Trek de J J Abrahams me pareción excelente y sobre todo Zachary Quinto como Spock, buenísimo!!! La recomiendo sobre todo a los trekkies como yo!!!
Nituni: Bruta no sos y Facebook es gratis.
ale: Hoy publico la segunda parte.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 10 de Mayo de 2009 a las 15:56