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Privado de la libertad por un gay desesperado

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Big Gay Al es un personaje de South Park, un estereotipo de marica maduroEn una noche cálida y apacible de verano, hace un par de años atrás, recibí un llamado telefónico de lo más extraño. Era mi amigo Horacio, que me pedía ayuda urgente. Hice lo que pude para solucionar su problema, sin efectuar demasiadas preguntas, dada la gravedad del caso. Al día siguiente, me comuniqué con él para que me contara detalladamente lo que le había pasado. A continuación, su relato:

Estaba caliente, tenía ganas de concretar un levante lo más rápido posible. Entré al chat y arreglé encontrarme con el primero que me pareció potable. El tipo me dijo que era amplio, masculino, fachero, 39 años. Puso una foto creíble en la ventanita del MSN Messenger. Me dio su dirección sin dar vueltas. Eso me pareció raro, pero pensé que a lo mejor él también tenía ganas de hacer algo express y quería ahorrarse el tiempo que se malgasta en los desencuentros en las esquinas, por donde la mayoría pasa de largo, espiando desde la vereda de enfrente, especulando si el otro les gusta o no. Hoy en día, informarle el domicilio a un desconocido es peligroso, pero tiene la ventaja de que elimina la histeria y la virtualidad. Para que suene el timbre, debe haber un dedo que lo toque.

Entrar al edificio de un desconocido puede ser una trampa sin salidaFui hasta el domicilio en el que me citó, era un edificio. Cuando bajó a abrir, me decepcionó bastante. Era más viejo, gordo, pelado y feo de lo que mostraba la foto del MSN. Estaba a punto de irme, cuando noté que un compañero de trabajo venía caminando por la vereda hacia mí. Todavía no me había visto. Entré al palier rápidamente, porque no me gusta que me vean en situaciones de levante. Interpreté esa coincidencia como una señal de que me tenía que quedar allí y saciar mis apetitos sexuales.

Subimos hasta el 4to. piso y entré al departamento, que tenía una de las decoraciones típicas de gay. Pocos muebles, una mesita ratona recargada de pequeños adornos recolectados en los mercados de pulgas de cada ciudad del mundo que el trolo había viajado, desde Caminito hasta París, pasando por Salta, México y Estambul. Unos cuadritos cuadrados de vivos colores, lámparas de papel vegetal, velas con forma de cubo y un sahumerio grueso, encendido.

Me dijo que él no vivía ahí. Le había prestado el lugar un amigo suyo que era enfermero y estaba de guardia hasta el día siguiente, así que íbamos a poder pasar una noche genial juntos. Mi levante había proyectado una velada perfecta, sin considerar que yo tenía que trabajar temprano al otro día y que no me gusta dormir en casa de un desconocido. Además, mi idea era echarme un polvo y pirarme al toque. Le dije que lo lamentaba, porque disponía de una horita nada más, ya que después tenía otros compromisos. Se puso a gritar, enojado: -¿Cómo que una horita? ¡Vos te quedás!

El que tiene la llave en la mano es quien controla la puertaAnte tal reacción, le respondí: -Dejá, me voy ahora mismo. Cuando me dirigía hacia la puerta para rajar, el tarado empezó a discutir: -Vos no te vas de acá si no hacemos algo. Mientras gritaba, sacudía amenazante las llaves del departamento. De repente, sin darme tiempo a nada, arrojó el llavero por la ventana, hacia un patio interno. Lo increpé: -¿Vos estás loco? Supongo que tendrás una llave de repuesto. Y me retrucó: -Ah, no sé, si querés salir me tenés que coger.

Evidentemente, no solo era loca del culo, sino también loca de la cabeza. No sabía si pegarle o romper la puerta a patadas. Opté por lo que menos consecuencias pudiera traer. Saqué mi celular. El comilón intentó manotearlo y le pegué una cachetada bien ruidosa que le dejó mis dedos marcados en el cachete. Se agarró la cara con las dos manos y se fue para el dormitorio, dándome tiempo para hablar con alguien que me ayudara a salir de esa situación. El primero que se me ocurrió fuiste vos, Rosarioso.

Cerrajero abriendo la cerradura de una puertaTuve que esperar más de una hora hasta que vino el cerrajero que me mandaste. En ese ínterin, el trastornado intentó tres veces ir hacia la cocina, con la excusa de tomar agua. Pero se me había metido en la cabeza la idea de que su verdadero objetivo era agarrar un cuchillo. Así que le dije que si tenía sed, tomara agua del baño.

Si este fuera mi cerrajero, lo haría trabajar en la cerradura de mi dormitorio, papitoCuando llegó el abrepuertas, le llevó bastante tiempo lograr su cometido. Finalmente, conseguí salir al palier del departamento. Sentí que allí podía respirar mejor, fue como si hubiera accedido a un espacio más oxígenado. Sin perder más tiempo, me despedí del laburante, que se quedó mirando sin entender lo que pasaba. Pero por si acaso, preguntó: -¿Quién me va a pagar? y le contesté tajante: -Arreglate con él.

Mientras iba bajando en el ascensor, escuché el estruendo de la puerta del apartamento que se cerraba de un golpe seco. ¿Qué habría pasado? ¿El tragasable desquiciado intentaría retener al empleado de la cerrajería? ¿Le propondría pagarle sus servicios con un pete? Nunca lo sabré.

Lo que le sucedió a Horacio, le puede pasar a cualquiera que ande de cacería por el chat. Los encuentros ocasionales a ciegas pueden ser peligrosos… ¡hacer trabajos a domicilio, también!

6 comentarios »

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  1. No soy de ponerme a las trompadas pero el tipo lo merecía.
    Creo que hacerle una cosa así a alguien es delito.

    Comment La opinión de Eleuterio — 26 de Marzo de 2009 a las 19:16

  2. Eleuterio: Creo que la reacción de mi amigo fue la más sabia, no sé si yo hubiera hecho lo mismo, tengo menos paciencia…

    Saludos

    Comment La opinión de Rosarioso — 26 de Marzo de 2009 a las 22:07

  3. ¡Retorcidamente desopilante!

    Comment La opinión de Brady — 27 de Marzo de 2009 a las 15:02

  4. Brady: A veces la realidad supera a la ficción… hay mucha gente retorcida y delirante dando vueltas por el chat.

    Saludos

    Comment La opinión de Rosarioso — 28 de Marzo de 2009 a las 11:03

  5. Pero a su amigo Horacio nunca le contaron el cuento de Caperucita Roja cuando niño? La moraleja es que no hay que relacionarse con completos extraños! XD

    Comment La opinión de Emma — 31 de Marzo de 2009 a las 00:09

  6. Emma: Entre los gay es de lo más común ir al departamento de un desconocido. Para no generalizar: algunos gay y algunos hetero tienen sexo casual cuando se les presenta la ocasión. Y no siempre termina bien.

    Saludos

    Comment La opinión de Rosarioso — 31 de Marzo de 2009 a las 09:06

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