Miradas furtivas y apoyadas en el autobús (1/2)
colectivo, apoyar, abuso, gay, adolescencia, colegio, bus
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Cuando comencé el colegio secundario, ocurrieron muchos cambios en mi rutina diaria. Antes, iba caminando hasta la escuela donde cursé la primaria, a pocas cuadras de mi casa. En cambio, para ir desde Fisherton hasta la Escuela Superior de Comercio Libertador General San Martín, tenía que levantarme bien temprano y subir al colectivo de las 6:50 AM. La empresa de transporte urbano de pasajeros que me llevaba hasta el cole era la línea B, cuyos enormes coches se destacaban por su carrocería pintada de rojo. Hoy la B se convirtió en la línea 115, renovó sus unidades y cambió de color.
A esa hora, habitualmente se llenaba el autobús. Pero como yo lo tomaba casi al inicio del recorrido, gozaba del privilegio de ir sentado. El viaje duraba aproximadamente 40 minutos. Esa pérdida de tiempo valía la pena, porque había logrado entrar al mejor colegio público de Rosario, gracias a la alta puntuación que obtuve en los exámenes de ingreso.
Después de las incómodas situaciones que protagonicé con el huevero y con los familiares de el Toconazo, durante mucho tiempo no me animé más a mirar fijo a los ojos a los hombres. Antes de iniciar la secundaria, mi vida transcurría dentro de un entorno limitado a pocas cuadras a la redonda, en donde las personas se conocían entre sí. Eso potenciaba mi temor a convertirme en el putito del barrio y morir de la vergüenza.
Sin embargo, al cumplir los 15 años, mis hormonas se volvieron incontrolables, cobrando mayor fuerza que los miedos e inseguridades de la adolescencia y el recuerdo de aquellas experiencias frustrantes del pasado. Por ese motivo, mientras viajaba en ómnibus, rodeado de extraños, aprovechaba que tenía hombres atractivos a mí disposición, inmóviles, distraídos, para observarlos de arriba a abajo y ratonearme con ellos.
Hasta que ocurrió algo inesperado. Un señor de cerca de 40 años, que viajaba todas las mañanas conmigo, comenzó a responder a mis miradas. Él subía al autobús 15 cuadras después que yo.
Los días en que íbamos juntos, mientras intercambiábamos miradas furtivas, prestaba atención a cada detalle que me pudiera indicar algo acerca de su vida. Se vestía con ropa informal pero discreta. Llevaba en la mano una carpeta con el logo de una de las primeras empresas de computación de Rosario, supuse que trabajaba allí. Sus ojos pícaros, un tanto achinados, me hacían derretir cuando se clavaban en mí.
Nuestros encuentros eran bastante regulares, pero dependían del azar. A veces pasaban varios días sin que lo viera. En ciertas ocasiones, el colectivo iba tan lleno, que él no podía subir y tenía que quedarse en la parada a esperar el próximo. Cuando eso acontecía, mi cómplice disimuladamente echaba un vistazo, para ver si yo iba dentro del bus.
Con el tiempo se atrevió a más. En medio del colectivo repleto de gente amontonada como sardinas en lata, se colocaba al lado mío y rozaba suavemente mi hombro con la bragueta de su pantalón. La primera vez que lo hizo, quedé petrificado, pensando que había sido casualidad. Pero, otro día, me apoyó el bulto alevosamente. Yo temía que quizás lo estuviera haciendo para burlarse, para exponerme, para dañarme por ser homosexual y mirarlo tanto. Después de cada viaje, mi cabecita adolescente e inexperta conjeturaba ideas a mil kilómetros por hora. Semanas más tarde, me hizo sentir que la tenía dura como un fierro. Eso disipó muchas dudas, porque me demostró que él también se calentaba conmigo. - continuación -

















Noooooo!!! Quiero la continuacion ya!!!
A mi solamente dos veces me han manoseado en un subte, una en Buenos Aires y la otra aca. Quiero mas!
Comment La opinión de Nituni — 10 de Marzo de 2009 a las 21:36
Nene, el mejor colegio público de Rosario fue, es y será el Poli.
Comment La opinión de Ano Nimo — 10 de Marzo de 2009 a las 23:42
Nituni: Todo llega al que sabe esperar. Pensá que en esta historia yo tenía apenas 15 añitos !!!
Ano Nimo: El Politécnico y el Superior siempre fueron colegios rivales… cada uno era el mejor en su área… todo depende del cristal con el que se lo mire.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 10 de Marzo de 2009 a las 23:47
sí por favor, continua, y que sea largo este relato con suspense, es como estar viendo una pelicula, bravo!
Comment La opinión de julianen — 11 de Marzo de 2009 a las 03:32
A mi pasó algo similar con un señor en la línea A de subte. Un señor de 40 y pico apoyó alevosamente su bulto contra mi hombro hasta que tuvo el señor una impresionante erección…
Comment La opinión de jotaele — 11 de Marzo de 2009 a las 09:16
DISCULPAME PERO EL MEJOR COLEGIO DE ROSARIO FUÉ ES Y SERÁ EL POLI…. EL SUPERIOR ES DE…. AHHH CIERTO JEJEJE
Comment La opinión de Caameron West — 11 de Marzo de 2009 a las 12:28
Joer, qué morbo me dan esas historias y a esa edad cómo está uno pasado de revoluciones, por muy tímido que sea.
Comment La opinión de Peritoni — 11 de Marzo de 2009 a las 13:59
por que siempre dejas todo por la mitad…..jeje (quiero saber como termina el cuento)
Comment La opinión de Andres — 11 de Marzo de 2009 a las 14:41
julianen: Me hacés sentir el Almodovar de los blogs!!!
jotaele: Con lo que se sacude la línea A, ese señor debe haber acabado!!!
Cameron West: Claro, desde tu óptica cavernícola, estudiar en el comercial es de putos y electrónica es de machos. Esperá un par de post así te enterás a qué escuela iba el pibe con el que debuté… a una técnica!!!
Peritoni: Es verdad. La culpa de eso la deben tener las hormonas.
Andrés: No te quejés, da gracias que no lo hice en 3 partes como otras veces.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 11 de Marzo de 2009 a las 17:38
MI EXPERIENCIA FUE MUY SIMILAR, PERO FUE EN UN COLECTIVO QUE NOS LLEVABA A TRABAJAR A LA ZONA INDUSTRIAL DE MI CIUDAD Y EL COPROTAGONISTA DE LA HISTORIA, UNO DE MIS COMPAÑEROS DE TRABAJO, PADRE Y ESPOSO “EJEMPLAR” QUE SE PEGO UNA FRANELEADA MARCA ACME EN MI HOMBRO DURANTE 45 MINUTOS MIENTRAS SE HACIA EL DESENTENDIDO Y LA TENÍA COMO UN CAÑO!
Comment La opinión de JAVIER — 12 de Marzo de 2009 a las 19:44
Soy una chilena estudiante de literatura que encontró tu blog por casualidad (estaba buscando algún nombre de “el primer hombre” que no fuera Adán)el punto es que no pude parar de leerlo, me encanto tu manera de contar las cosas, de explicar otras, retratar tu vida y pequeñas curiosidades cotidianas (o no tanto)
Espero seguir leyendote.
Un abrazo gigante desde Chile, ojalá que sigas con este proyecto mucho tiempo más!
Comment La opinión de Ugly Kitty — 12 de Marzo de 2009 a las 23:33
JAVIER: Gracias por tu testimonio. La próxima vez, aflojá con las mayúsculas.
Ugli Kitty: Qué bello comentario, tus palabras me llenan de orgullo.
Saludos
Comment La opinión de llRosarioso — 12 de Marzo de 2009 a las 23:33
Me encantó la historia. Realmente el bondi y el tiempo que se pierde en viajar da para todo. Me he bajado del 148 con cada empingamiento, por mirarle las tetas o rozarle (involuntariamente, claro está) el culo a alguna pasajera…
Saludos golicianos.
Comment La opinión de El Mostro — 13 de Marzo de 2009 a las 12:50
No, esto no es justo. Yo estaba por escribir un post sobre un vago que cruzaba en el colectivo y nos mirábamos y anoche me encaró en un boliche anoche ja, ja… ¿Qué tendrán los colectivos que nos calientan tanto? Ja, ja…
Comment La opinión de Brady — 13 de Marzo de 2009 a las 13:53
Por favor, me podrias enviar la continuacion del primer relato, te felicito, esta muy bueno, un fuerte beso y hasta pronto
Comment La opinión de Horacio — 13 de Marzo de 2009 a las 17:13
El Mostro: No te creo que los roces sean completamente involuntarios jajaja.
Brady: Y bueno, yo publiqué primero je.
Horacio: En breve publico la segunda parte, había planeado publicarla hoy pero ocurrió algo de último momento, así que sale un post intermedio y después va el final.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 13 de Marzo de 2009 a las 17:23
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