Juegos prohibidos bajo tierra y en los troncos (2/3)
recuerdos, infancia, gay, desague, troncos, fisherton, rosario
recuerdos, infancia, gay, desague, troncos, fisherton, rosario
- Capítulo anterior - En el potrero del barrio, solía jugar a la pelota con nosotros un muchacho bastante más grande de edad. La mayoría de los pibes de la barra teníamos 11 años, él ya había cumplido los 18. Era primo de uno de mis compañeros de grado de la escuela primaria, que también integraba ese grupo de la canchita. Ambos formaban parte de una familia muy numerosa, en la que todos eran Testigos de Jehová.
Al joven musculoso le decían el Toconazo, porque de su silueta sobresalían las dorsales, gigantescas como las de la rana macho o tocón. Era morocho, lampiño, bastante fulero de cara, fanático del gimnasio. Sus abdominales estaban marcados, como una tabla de lavar ropa. Tenía las manos ásperas por su laburo de albañil. A veces, me miraba de manera cómplice, dándome a entender que se daba cuenta de que me deleitaba recorriendo con la vista la geografía montañosa de su cuerpo.
A medida que la construcción de la red de desagüe iba avanzando, desaparecían gradualmente los caños del campito. Entonces, inventamos un juego nuevo, que consistía en bajar por los tubos subterráneos y recorrerlos hasta salir por otra alcantarilla. Llevábamos linternas, porque los túneles eran oscuros, sólo se veía la luz que entraba por los accesos cada 120 metros. Había muy poca agua en los conductos, ni siquiera se nos mojaban las zapatillas. Como la obra todavía no había sido inaugurada, estaba todo limpio. Nunca vimos ningún ser vivo allí abajo, ni ratas, ni siquiera cucarachas.
Al bajar a los túneles, el Toconazo siempre iba último de la fila. La atracción que yo sentía por él, hacía que me pusiera cerca suyo y quedara penúltimo. Como el diámetro de los caños era de un metro y medio, teníamos que caminar un poco inclinados hacia adelante. Sin haberlo planificado, ubicados de esa manera, estaba poniendo mi culo a su disposición. Al principio me daba palmadas en las nalgas para que me apurara. Pero como no le ponía ninguna objeción a que me tocara, comenzó a meter mano de otra forma, por puro gusto. Hasta que se animó a apoyarme desde atrás.
Ese día, cuando sentí sus gigantescas dorsales apretando mi cuerpo, ese tibio manto de músculos cubriéndome, tuve una sensación desbordante y de pronto vi la luz. Pero no fue la luz divina, sino la linterna de su primo, mi compañero de escuela, apuntándome a la cara, indagando a los gritos que porqué nos habíamos distanciado del grupo. Le mentí que nos demoramos porque había visto una ratita. Seguimos recorriendo el resto del trayecto subterráneo, como si nada hubiera pasado.
Cuando nuestra curiosidad por explorar los túneles se vio satisfecha, no tuvo más sentido volver a meternos ahí, era aburrido. Buscamos nuevas actividades para entretenernos. En otra parte del campito, la empresa constructora del Emisario 9 había depositado los árboles que habían sido talados para efectuar la obra. Se nos ocurrió jugar a construir chozas con troncos y ramas. Cada uno armó la suya, tratando de que fueran firmes y confortables.
Una tarde, quedé a solas con el Toconazo en su ranchito de ramas y comenzó a juguetear conmigo. Me prohibía sentarme en aquel tronco, tampoco en ese, ahí menos. Entonces, le pregunté en qué tronco me podía sentar… riéndose, me retrucó que en el suyo. Canté quiero vale cuatro y le pedí que me lo mostrara. Lo hizo sin demora y quedé boquiabierto. Las diferencias entre mi chizito impúber, aún no desarrollado y el pijón largo y grueso del morocho, eran abismales.
En el momento en que mi mano estaba a punto de agarrárselo, se subió los pantalones bruscamente. Por instinto, retrocedí. Desde arriba de la casita se asomaba su primo, el que iba a clases conmigo, preguntando qué estábamos haciendo ahí solos, que porqué no íbamos a la canchita que se había armado un partido de fútbol. El Toconazo huyó rápido hacia el potrero. Los seguí callado, especulando si mi compañero había alcanzado a ver algo sospechoso. - Siguiente capítulo -
























malooooooooooooo queremos masssssss jajajaja
Comment La opinión de Jesi — 8 de Febrero de 2009 a las 17:18
Maten a ese primo!!!!
Comment La opinión de Nituni — 8 de Febrero de 2009 a las 19:33
Jesi, Nituni: Gracias por los comentarios. La tercera parte sale el viernes, si hay muchos comentarios será antes, el jueves.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 8 de Febrero de 2009 a las 21:42
Pena de muerte para esos primos metidos que son siempre tan inoportunos! Saludos!
Comment La opinión de Javier — 9 de Febrero de 2009 a las 16:42
Javier: A lo mejor el primo estaba celoso… del primo o de mí… ¡qué se yo!
Comment La opinión de Rosarioso — 9 de Febrero de 2009 a las 17:56
Que lo reparió al primito ortiva!!!
Comment La opinión de Jotaele — 12 de Febrero de 2009 a las 00:00
No mientas: Lo de TOCONAZO era porque TOCABA MUCHO !!!
Comment La opinión de Mocho Mochuelo — 12 de Febrero de 2009 a las 13:24
Jotaele: Los primos son así…
Mocho: No, lo de Toconazo era por su lomo de batracio en celo.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 14 de Febrero de 2009 a las 15:46
Informacin Bitacoras.com
Valora en Bitacoras.com: recuerdos, infancia, gay, desague, troncos, fisherton, rosario recuerdos, infancia, gay, desague, troncos, fisherton, rosario - Captulo anterior - En el potrero del barrio, sola jugar a la pelota con nosotros un muchacho ba…
Trackback La opinión de Bitacoras.com — 27 de Febrero de 2009 a las 03:30
son todos unos putos del horno
Comment La opinión de carlos — 11 de Noviembre de 2009 a las 18:35