Sacando a dar la vuelta al perro - 3ª parte
Primera parte - Segunda parte - Para coronar mi inventario de personajes y mascotas que enumeré en la primera y segunda parte, les contaré dos situaciones en las que vi asomar la luz de la esperanza, yendo a dar la vuelta al perro.
Comencé a notar que había un muchacho interesante que estudiaba en un balcón a la calle de un primer piso. Mirarlo, cada vez que pasaba por ahí, se convirtió en un ritual. Siempre iba por la vereda de enfrente, para tener una visión más panorámica y además, así él me podía ver a mí. Aunque estaba tan concentrado en la lectura, que nunca despegaba los ojos del libro. Hasta el día en que apareció un perro grande de pelaje gris en su balcón. Cuando vio a mi perrita, éste comenzó a ladrar, despertando la atención del estudiante, que miró hacia la calle y encontró un rosarioso que le sonreía.
En esos días, también noté que había cierta onda con un empleado de la peluquería de la vuelta, que, al igual que el muchacho que leía en el balcón, tenía el look sexy de boludo de lentes. Este coiffeur tenía un aspecto bien masculino, más allá del estereotipo de la marica peluquera. Cuando nos veíamos, me correspondía las miradas cómplices, que pronto se convirtieron en saludos con un movimiento de cabeza o sacudiendo la mano con disimulo. De ninguno de los dos candidatos podía afirmar que eran gay, también podían ser héteros con buena onda.
Al poco tiempo me animé a saludar también al bombón del balcón, sacudiendo la mano tímidamente. Él retribuía mi gesto moviendo la cabeza levemente hacia atrás y adelante. Un amigo mío gay sostiene que si le tenés ganas a alguien que te cruzás habitualmente, solamente tenés que clavarle la mirada, no tenés que comenzar a saludarlo, porque se cortaría la histeria. Pero prefiero la charla antes que el histeriqueo como forma de acercamiento.
Una noche, sentado frente a mi PC, se me ocurrió cómo romper el cubito con el coiffeur. Recordé que el peluquero dueño del local en donde él trabajaba tenía perfil en una página de contactos gay, en la que yo tenía armado un perfil sin mi foto. Entonces, le escribí diciendo que vivía a la vuelta de su negocio y me gustaba su empleado. Contestó al otro día dándome el celular de su ayudante. Fue un trámite rápido.
Mientras tanto, en el tenderero de ropa que el lector de libros gruesos tenía en el balcón, aparecieron prendas íntimas femeninas. ¿Había venido alguna hermana a vivir con él? ¿Sería travesti en la intimidad? ¿O había metido alguna sheguaaa en su departamento? Como los gay somos el 10% de la población, la opción 3 tenía 90% a favor! A la semana siguiente terminaron las clases y el balcón quedó vacío. ¿Se había vuelto a su pueblo, o se fue de vacaciones?
Llamé por teléfono al experto en tijeras y fuimos a cenar. De primera impresión me pareció agradable, con un poco más de pluma y energía que lo esperado. Cuando estaba en su lugar de trabajo se lo veía relajado, pero en la salida estuvo inquieto, histriónico, hiperactivo, dominante, un terremoto. Si bien mi estructura de vida no es apta para incluir un demonio de Tasmania, todavía no tenía en claro qué rumbo seguir, porque las personas avasallantes suelen ser una fiera en la cama. Al fin y al cabo, de carne somos. Pero el muchacho se mandó una bromita que fue definitoria. En mi plato tenía servida la última porción de la pizza de palmitos que habíamos compartido, él ya había comido. Entonces me dice: -Mirá qué copada la campera que tiene la chica que va enfrente!!! Miré, no me pareció fuera de lo común. Respondo: -¿Qué tiene de copado? Y contesta: -Ves, si quiero te como todos los palmitos. Había generado una distracción para ultrajar mi alimento. Dejé la porción rapiñada, era humillante comerla así. En la primera cita, violó dos reglas en un instante. Primero: nunca tocarle la comida del plato a tu acompañante ocasional y menos que menos si es un Oso. Segundo: Imponerse desde el comienzo: si quiero hago esto. KÉ-TUPÉ. Salimos del bar, rechacé su invitación a tomar café en su casa, le dije que estaba cansado y me fui a dormir. Colorín, colorado…
Ya aparecerá alguien nuevo… como dice el dicho popular (y una canción de José Velez!): la tercera es la vencida!!!

perro, pasear, busqueda, amor, cita, palmitos, levante
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uuuuh man, que feo. Odio cuando se hacen los banana. Next!
Abrazo
Comment La opinión de ale lavalle — 7 de Marzo de 2008 a las 23:50
Estuviste muy bueno, yo le hubiese dejado la pizza de sombrero, me hubiese parado y le hubiese dicho, “ves, si quiero hago esto.. MOZOOO!! LA CUENTA LA PAGA EL CHICO DE LA PIZZA EN LA CABEZA” y me iba rapido del lugar.
Comment La opinión de tangaycomocualquiera — 8 de Marzo de 2008 a las 16:57
Vos le tendrias que haber respondido finamente, cual Gabriela Sabatini en el comercial de agua: “Eh! Es mi palmito, ese!” Y ahi lo agarrabas a trompadas, cual escena en Dinastia. Pero bueno, evidentemente vos sos un caballero e hiciste los mas adecuado.
Comment La opinión de Nituni — 8 de Marzo de 2008 a las 20:15
Con la comida no se jode..
Si a mi me quisieran “conquistar” (me fui al carajo).. sepanlonnnnn.. no metan los dedos en la comida, porque me despierta instintos asesinos.
Beso
Comment La opinión de Araña — 9 de Marzo de 2008 a las 10:23
Jejeje. Me re ilusionó el del balcón. Esperamos más datos.
Y este muchacho, no seas tan tajante, dale otra oportunidad. Por ahí estaba nervioso y no sabía como romper el hielo. En fin, la tercera es la vencida, dijo María Martha mientras aflojaba su cinturón gástrico.
Comment La opinión de Fernando — 10 de Marzo de 2008 a las 14:43
No… como dijeron por arriba, con la comida no se jode… y menos en la primera salida!!! Luego, cuando haya mas confianza la comida puede ser un juego interesante. XD
Nada, esperemos que el del balcón regrese y puedas invitarlo a él… a ver que tal.
Besos
Comment La opinión de Marco — 14 de Marzo de 2008 a las 12:55
Es verdad con la comida no se jode, en eso coincidimos. Pero OJO!!! tambien hay que estar mas atento;te lo recordamos nosotros, los que te queremos y estamos con vos…los de Siempre.
SUERTE!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Comment La opinión de los de Siempre — 16 de Marzo de 2008 a las 01:41
Jajajaja, me cague de risa, me encantan esas escenas graciosas (siempre q no me pasen a mi)
SI ME TOCAN LA COMIDA MATO
bessos
Comment La opinión de Razor — 17 de Marzo de 2008 a las 21:31
Espero con ansias la cuarta parte!
Comment La opinión de Santiago — 22 de Junio de 2008 a las 11:00
Santiago: Esta historia terminó, quizás tendría que haber puesto la palabra FIN.
Saludos
Comment La opinión de Rosarioso — 22 de Junio de 2008 a las 15:20